Cuando el estrés llega a tu vida no es más una manera que tu ser te está diciendo que estás desconectada de tu esencia y tu verdadero ser, has dejado de escucharte, has dejado de cuidarte, has dejado de atenderte, para dar a otros y te has olvidado de ti misma. Con las demandas diarias de tu vida, el cubrir tus necesidades, a veces te encargas de cosas y situaciones que no te corresponden y que no tienen nada que ver con tu propósito de vida, de lo que alegra y le da vida a tu corazón.

Tú sabes el porqué, porque has tenido miedo de soltar y de dejar la zona cómoda aunque eso para ti sea sentirte mal contigo misma, aunque para ti sea olvidarte de ti misma,  de lo que te apasiona, de lo que puede traer dicha y plenitud a tu vida. Pero el miedo a lo desconocido es tan grande que has construido tu propia cárcel, cárcel de la que sueñas con salir pero que te resistes tanto y al resistirte duele, te duele no solo en el alma sino que tu cuerpo está sufriendo las consecuencias de tu propia resistencia. Cuando lo único que tienes que hacer es dejarte fluir y confiar, si confiar en algo que no sabes, en algo que no has vivido, en algo a lo que has de arriesgar pero que lo puedes ganar todo desde el amor la plenitud y la dicha que tanto te mereces.

Solo por miedo a decir adiós a lo que ya tú sabes de sobra no te hace bien, llámese amistades, trabajo, familiares y todo lo que se te pueda ocurrir. Puedes tener miedo a estar sola, pero en ese espacio puedes descubrirte y al descubrirte puedes descubrir a otras personas en ti misma y abrirte a otros espacios que tu ser está experimentando, ya donde estás te queda corto y lo que sigue es la evolución o el detrimento de tu ser y con ello de tu cuerpo y eso tú lo sabes. Escoge la vida, escoge el amor hacia ti misma, hacia la aventura aunque implique un riesgo pero es un riesgo que te llevará a conocer espacios de tu ser que no conoces y ya estas lista para vivir, nadie te está obligando pero si tu alma te está llamando, escúchala y déjate llevar y no dejes que el mundo se pierda de quien verdaderamente eres pero por sobre todo que no se pierda de lo que tú tienes para dar.